Pasada la resaca electoral de las pasadas elecciones intento ordenar mis recuerdos para plasmar mis vivencias en tierras catalanas.

 

Tuve la inolvidable oportunidad de colaborar en las elecciones del pasado 21D y me desplacé hasta Barcelona donde me alojé durante unos días. El traslado diario en tren, metro o autobús me posibilitaba pulsar de primera mano el ambiente que se respiraba en las calles. Me resultaba extraño, que a pesar del convulso momento político que se vivía, no era demasiado habitual que la gente hablase públicamente sobre las elecciones. Se veía algún lazo amarillo en una solapa, de cuando en cuando, pero el silencio predominaba en cualquier reunión hecha en la vía pública.

En mis días en Cataluña entablé conversación con diferentes personas, presentadas por buenos amigos que tengo allí, y en la mayoría de las ocasiones me explicaban que habían vivido de primera mano discusiones con amigos y familiares por hablar de política, un ámbito en el que las conversaciones cada vez estaban más marcadas por un asunto que divide a los ciudadanos.

Comprobé con tristeza como muchas personas, que se avienen cuando se trata de hablar sobre lucha contra la corrupción, de fomentar la innovación o de acabar con las listas de espera en Sanidad o Dependencia, se enfrentaban hablando de la contienda electoral, centrada en el ‘procés’. La posverdad nacionalista había calado en todos los aspectos de la vida pública y resultaba complicado en algunos ambientes exponer y enfrentar opiniones. 

Igor Suárez, secretario de comunicación de Cs Canarias.

Me resultaba curioso los mantras a los que se recurren para justificar la idea de la de la independencia: “España nos roba, las pensiones en Cataluña peligran por culpa de Madrid, quieren eliminar el catalán de las escuelas”, o directamente, como es habitual en los líderes separatistas, negando la condición de demócratas al que resultó ser el partido más votado, Ciudadanos. Éstas eran el “Top Four” de las frases más repetidas.

El día antes de las elecciones, a las cuales acudía como apoderado a uno de los colegios, debo admitir que estaba un poco nervioso, puesto que desconocía qué me iba a encontrar.

Lo cierto es que el ambiente que viví en mi colegio electoral fue bastante educado y estuvo ajeno a tensiones. Desde el primer momento intenté integrarme con los apoderados de las otras candidaturas, presentándome a todos ellos e intentando que hubiera un ambiente de cordialidad, a pesar de mantuviésemos pensamientos políticos diferentes. Tuve la oportunidad de charlar con representantes de otros partidos, y la sucesión de los mismos mantras que antes mencionaba era continua.

 

Una cosa diferente fue el momento de cierre de las mesas, con algunos apoderados de ERC y Junts X Catalunya intentando imponer sus criterios en el recuento de votos. Por suerte, junto con mis compañeros apoderados (Jesús, Marcelino, Lara, Cata y Rosario) hicimos piña y conseguimos que se impusiera la razón, evitando tentaciones de que los interventores o apoderados participaran en los recuentos para “agilizar” como pretendían hacer.

 

Al cerrarse el colegio, y advertido por uno de mis compañeros apoderados, me resultó un poco triste tener que quitarme la acreditación al llevar el cierre de actas a la Plaza de España, así como darle la vuelta a la portada de la carpeta de Ciudadanos para evitar cualquier tipo de problemas por si me pudieran “identificar”. Ciudadanos, en los últimos meses, ha sufrido varios ataques a las sedes del partido en varios municipios catalanes.

 

Así, la explosión de júbilo en la Plaza de España tras conocer que más de 1.100.000 personas habían apostado por nosotros será algo que difícilmente podré olvidar.

 

Del mismo modo que tampoco olvidaré las razones por las que de repente, en ese instante de felicidad plena y satisfacción, rodeado de miles de personas,  sentí que las fuerzas me abandonaban rompiendo a llorar, porque por fin una parte importante de los catalanes ha mostrado que se puede ser catalán, sin renunciar a ser español y europeo.

 

* Igor Suárez es secretario de Comunicación de Cs Canarias y colaboró en las pasadas elecciones catalanas como integrante del equipo de comunicación de Ciudadanos, así como apoderado en la Escola Univesitaria Salesiana de Sarriá.